Leo Oyola llega en versión digital. "Ultra Tumba", su esperada novela.
Luego del éxito de Kryptonita, que llegó a agotar once ediciones y a convertirse en película y serie, Leonardo Oyola estuvo trabajando en los últimos cinco años en una novela que iba a presentarse para esta época en la Feria del libro. La pandemia, el cierre de comercios y actividades llevó a Ultra Tumba por otros caminos: ahora puede descargarse la versión digital en las plataformas de Random House que la publica, y el próximo mes llegará el volumen en papel a librerías. En esta entrevista Leo Oyola recuerda sus orígenes, el decisivo paso por el taller de Alberto Laiseca y cuenta acerca del mundo de las cárceles que conoce por dentro al haberse dedicado a dar talleres en los últimos años, y que retrata a su manera en Ultra Tumba.
"Mierda". Leo Oyola se miró en el espejo y no pudo evitar la sorpresa y cierta impresión. Por supuesto que él mismo había aceptado tatuarse ese "Chamamé" que ahora lucía a lo largo y ancho de su pecho. Nadie lo obligó. Pero como donde venía parando no había espejos, un poco inconscientemente lo había pasado por alto. Su mirada no se posaba ahí y listo. Si te he visto no me acuerdo. Y la vida siguió. Unos días más. Hasta que llegó el fin de semana, pasó por lo de sus viejos a darse una ducha y, al salir, simplemente lo vio. Grande, flagrante, alevoso. "Chamamé". El título de la novela que luego le cambiaría la vida pero que entonces no había podido avanzar más allá de un par de capítulos. "Mierda. Ahora sí la voy a tener que escribir", pensó. Y... sonrió.
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"Los tatuadores son en general familieros. Y éste que te me tocó a mí y que desde entonces hizo casi todos los tatuajes que tengo, todavía más", cuenta Oyola hoy, casi quince años después, desde la camarita de una sesión de Zoom. Está abrigado hasta el cuello y como fondo de pantalla se pueden ver una biblioteca con libros, comics y dvds; sus tesoros (y los de su mujer, la escritora Alejandra Zina, también). Estamos en cuarentena, un mediodía particularmente frío, y la prohibición de salir para Oyola es absoluta y total. "El médico me dijo que tengo los pulmones de una persona de sesenta años", cuenta, sin exagerar. Una neumonía que lo tuvo al borde de pasar al otro lado --poco tiempo después de hacerse aquel tatuaje-- fue la responsable. Desde entonces no existen los otoños e inviernos pacíficos para él.
"Hace un tiempo, por recomendación de uno de los muchachos con los que filmábamos la serie, hice una inversión y compré toda ropa interior térmica. Yo, que toda mi adolescencia usé camperas de jean y camisetas o remeras con las mangas dobladas como hacía Bruce Springsteen en sus videos, ¡me tuve que adaptar a esto!", protesta y sonríe porque en realidad está contento: Ultra Tumba, la novela en la que estuvo trabajando los últimos cinco años luego del éxito de Kryptonita (que agotó once ediciones, y llegó al mundo del cine y las series) puede encontrarse en las plataformas de descarga de la editorial. "Es una sensación rara porque la idea original era presentarla en la Feria del Libro, pero así son las cosas hoy", dice con la mirada puesta ahora, como es lógico, en lo que vaya a pasar con el libro de acá en más. "Uno escribe en soledad; no pensando en qué resorte le vas a tocar al otro. Eso también fue una enseñanza de Laiseca. Vos podés ser el autor de una historia, el escritor que se rompió el lomo escribiendo varios años, pero es el lector el que termina de cerrar el libro con sus experiencias y su mirada del mundo. Alguien que, como tal, puede darte una interpretación distinta a la original, pero que yo igual no desmentiría porque tiene todo el derecho de hacerla".
Ambientada en una cárcel argentina del presente, Ultra Tumba narra el romance entre una presa y una guardia en medio de un motín, y la inesperada aparición de un ejército de "muertas vivas" que mete cuña entre las tres facciones que pelean por conducir la revuelta; cada una con sus líderes, lugartenientes y orígenes particulares. Una galería de personajes que habilita a Oyola introducir flashbacks extra-muros que no sólo "airean" el ambiente inevitablemente tremebundo en el que se desarrollan los hechos sino también sumar una dimensión psicológica --de historia de vida-- para comprender mejor la acción y reacción de las internas. "Realmente no somos conscientes de lo que es perder la libertad", subraya Oyola que desde hace varios años --antes de arrancar con Ultra Tumba-- visita cárceles de todo el país, invitado por colegas talleristas para que lea sus textos rejas adentro.
"La unidad penitenciaria de la novela es un golem de todas las que fui conociendo. El gran problema, lo que las une a todas, es las superpoblación, el hacinamiento. Y luego todos los problemas que te puedas imaginar", resalta quien por supuesto aprovechó esas visitas --que incluyeron entrevistas puntuales a varias internas con las que terminó estableciendo relación-- para nutrir la historia y elaborar sus personajes y arcos narrativos. "Cada visita es única y te deja movilizado por varios días", remarca. Y entre la infinidad de momentos destaca la vez que después de leer un pasaje del libro --uno de los capítulos en que aborda el romance entre La Uruguaya y la oficial Medina-- una interna se le acercó y le dijo: "No me importa que me sancionen, por favor abrazame". Y luego: "Es re duro estar acá adentro. Pero más duro es estar adentro y además enamorado".
Imagen: DIEGO PARUELO. Nota Juan Manuel Strassburg












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