La muerte a dentelladas
La muerte a dentelladas
No hay muchos detallesComo tantas veces cuando la víctima está en alguno de los bordes del sistema, puede pasar rápidamente al olvido. Y Jorge tenía dos de los variados factores estigmatizantes: era pobre y era loco. Como otros mil Jorges que viven allí. Por ser pobre no tenía trabajo ni un apoyo familiar sólido que le permitiera combatir la locura con mejor suerte. Por ser loco no tenía muchas chances de ser considerado para establecer relaciones sociales o laborales que le pudieran generar ingresos para suavizar la locura. Y por ser pobre y loco le tocó vivir en un manicomio, uno de los depósitos de personas para que queden aislados de los sanos y no tan pobres como él. Encerrado sin delitos cometidos.
Estaba bajo la tutela del Gobierno de la Ciudad. Pero no fue suficiente. Según cuentan, fue en los fondos del hospital, cerca del Centro Cultural Borda. Allí frente a las ruinas que dejaron las topadoras de Macri cuando en abril de 2013 entraron con bastones, gas pimienta y balas de goma para reprimir (¡dentro de un hospital psiquiátrico!) a quienes defendían la continuidad de un taller de trabajo para pacientes. Allí entre bosque y una canchita de fútbol, el pasado viernes 22 Jorge fue atacado por una jauría de las que frecuentan el lugar. Y murió luego en el hospital Penna.
No puedo dejar de olvidarme de las veces que en los noticieros suelen informar de un asesina
to en algún barrio pobre, y la frase común de los familiares llorosos: "¡Me lo mataron como a un perro!" Pero Jorge no tuvo siquiera esa suerte. Ningún humano lo mató. Fue un grupo de esos animales, último eslabón dentro del esquema social, acompañantes de gauchos, malones y figuras infaltables en todo barrio pobre, lo más callejeros de todos. ¿O tal vez sí lo mató algún humano? Una dentellada del funcionario del gobierno de la ciudad que dijo que no existían jaurías dentro del Borda. Otra dentellada del funcionario judicial que le creyó al funcionario del gobierno. Otra dentellada de algún directivo del hospital que no asumió su responsabilidad para confirmar que sí existen jaurías dentro del hospital. Parafraseando a un poeta amigo: cincuenta pesos cuestan la noticia leída, y tanta sangre nueva la noticia vivida. Y en este caso la sangre fue de Jorge.
* Coordinador artístico del taller de Letras del FAB.
Por Claudio Pansera












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